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Dios es inmutable.

Una devoción a Dios como nuestro ancla

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En mi adolescencia, me encontré quejándome con un amigo sobre la naturaleza siempre cambiante de la vida. Su respuesta fue: “El cambio es lo único constante en la vida”. Me sorprendió tanto su sabiduría e intelecto hasta que admitió que un filósofo griego había llegado a esa conclusión hace casi 2500 años. ¡Y resulta que ese tipo estaba tramando algo!

Lo único que nuestro amigo filósofo no se dio cuenta es que Dios también es inmutable. Él “es el mismo ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8) y en él “no hay variación ni sombra de cambio” (Santiago 1:17).

Sin embargo, aceptar esa verdad no fue suficiente para crecer en mi fe. Una cosa es conocer y creer en la doctrina de la inmutabilidad de Dios, pero otra muy distinta es dejar que se manifieste en mi mente y en mi vida cotidiana.

En su libro “Renovación del corazón”, Dallas Willard dedica dos capítulos al estudio de la transformación de la mente. Escribe: “Mis patrones de pensamiento se ajustarán a las verdades de la revelación bíblica, y extenderé y aplicaré esas verdades, bajo la guía del Espíritu Santo, a todos los detalles de mi vida”.”

Mis pensamientos sobre quién es Dios moldearán mis actitudes, lo cual se reflejará inevitablemente en mis palabras y acciones.

Cuando pensamos en Dios, ¿qué revelan nuestros patrones de pensamiento acerca de su carácter? A pesar de los constantes cambios que nos rodean, ¿creemos realmente que Él es inmutable?

Hoy, mientras todos enfrentamos diferentes cambios y desafíos en nuestras vidas, entrenemos nuestras mentes para pensar en el Dios que nunca cambiará. Nos mantenemos firmes en la base sólida de su Palabra, sabiendo que tenemos un ancla en nuestro Dios inmutable.

Escrito por Kameel Atweh, responsable de relaciones con las iglesias en Houston y el sureste de Texas para Buckner International.

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