22 años después, un residente del Hogar Infantil Buckner se convierte en un voluntario esencial de Buckner.

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Por Kelsey Buckner
Prácticas en comunicaciones

Kim Gómez estaba feliz y en su elemento en uno de los días más calurosos del verano en Dallas. Después de preparar la comida para los niños en Simari Ridge Apartments, escapó del calor y se sentó a hablar sobre su profundo amor por el voluntariado.

De 1989 a 1991, Gómez vivió en el Hogar Infantil Buckner en Dallas hasta que su madre pudo volver a hacerse cargo de ella. Dijo que, aunque le costó adaptarse, disfrutó de todo lo relacionado con su hogar temporal, excepto las visitas al dentista del campus. Durante ese tiempo conoció a su futuro esposo, otro residente de Buckner. Se casaron en 1996.

Cuando Gómez y su familia se mudaron a Simari Ridge Apartments en 2011, ella y su esposo se enteraron del programa extracurricular que se ofrecía en el lugar y decidieron inscribir a sus dos hijas menores. Para su sorpresa, descubrieron que el programa estaba dirigido por Buckner. Ahora, Gómez es una de las voluntarias más confiables del complejo de apartamentos, y dedica su tiempo al programa extracurricular, a los adultos mayores y a cualquier evento comunitario en el que se necesite ayuda.

Omar Solcruz, administrador de apartamentos en Simari Ridge, dijo que después de conocerla durante tres años, cree que Gómez es única en su género.

“Es una de mis mejores residentes”, dijo Solcruz. “Participa en casi todos los aspectos de nuestra comunidad. Asiste a las reuniones de vigilancia contra el crimen, colabora en el programa de alimentación y sus hijas participan en el programa extraescolar con el Sr. Spencer [Watkins, especialista principal en habilidades para la vida de Buckner en Simari Ridge]. Parece que, si hay algún tipo de evento comunitario, ella y su familia siempre participan. Estoy muy agradecido”.”

Gómez expresó con humildad por qué dedica gran parte de su tiempo al voluntariado.

“Me hace sentir bien porque siento que realmente he hecho algo para ayudar a un niño a salir adelante”, dijo. “Muchos de ellos no se sienten seguros de sí mismos y quizá solo necesitan un poco de ayuda, una sonrisa, un saludo o algo que les haga sentir bien”.”

El voluntariado le abrió los ojos a nuevas lecciones que decidió enseñar a sus tres hijas. Dijo que le inspira a darles a sus hijas una vida mejor y enseñarles a dar a los demás y a estar agradecidas por lo que tienen.

Dijo que lo que más le gusta del voluntariado es conocer gente y proporcionar a otros cosas que ella no tuvo durante su infancia. El futuro se presenta prometedor para Gómez y para aquellos que tienen la suerte de beneficiarse de sus acciones desinteresadas.

“Todos los recuerdos que tengo son especiales para mí y me motivan a hacer lo que hago. Sé que no tengo que hacerlo, pero lo hago simplemente por hacerlo, así soy yo”, dijo Gómez. “Si no lo hiciera, me sentiría mal por no intentar ayudar a alguien de la forma en que puedo”.”

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