Cuenta tus bendiciones.
Por Stephen N. Wakefield
Nuestra iglesia tiene algo que se llama el ministerio de la manta de oración. Es un programa en el que las personas que atraviesan adversidades debido a problemas de salud, la pérdida de un ser querido u otros retos de la vida reciben una manta por la que han rezado los miembros de la iglesia. Los nudos atados en las tiras del extremo de la manta representan las oraciones ofrecidas por el destinatario de la manta.
Ver las reacciones de las personas cuando reciben su manta casi siempre es alentador. Los destinatarios están sufriendo. Hay circunstancias trágicas en sus vidas que les dan buenas razones para sufrir y afligirse, para perder la esperanza. Sin embargo, muchos se muestran esperanzados y agradecidos, no solo por la manta, sino también a Dios por las cosas buenas que hay en sus vidas.
¿Cuántos de nosotros, cuando nos enfrentamos a los retos normales de la vida cotidiana, nos tomamos el tiempo para agradecer a Dios las muchas bendiciones que nos ha concedido?
Se dice que las oraciones se dividen en tres categorías: “ayuda”, “agradecimiento” y “asombro”. Desafortunadamente, la mayoría de mis oraciones pertenecen a la categoría de “ayuda” —pedirle a Dios que me ayude con un problema— y no a la de “agradecimiento”, que consiste en expresarle a Dios mi gratitud por sus muchas bendiciones.
Hay una vieja canción de Perry Como, “Count Your Blessings” (Cuenta tus bendiciones), con la estrofa: “Cuando estoy preocupado y no puedo dormir, cuento mis bendiciones en lugar de ovejas”.”
Una buena resolución para este año podría ser contar tus bendiciones y expresar tu agradecimiento a Dios por ellas, recordando que nuestra mayor bendición es el regalo que Dios nos hizo de su hijo, Jesucristo.
Stephen N. Wakefield es vicepresidente, asesor jurídico y secretario de Buckner International y sus filiales.
Oración de la semana:
-Dios, te damos gracias por la belleza de este mundo, la bendición de la familia y los amigos, y el amor que nos rodea por todas partes. Te damos gracias por asignarnos tareas que exigen nuestro mayor esfuerzo y por guiarnos hacia logros que nos satisfacen y nos llenan de alegría. Por encima de todo, te damos gracias por tu Hijo Jesucristo.