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La crisis del COVID-19 en Perú

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El impacto de la pandemia en los demás países donde opera Buckner es abrumador. Para muchos niños y familias desesperados, Buckner es su única red de seguridad, especialmente durante una crisis como la de la COVID-19. Las dificultades que atraviesan las familias y el personal a causa del virus se están multiplicando. Aun así, la esperanza prevalece. Claudia León, directora ejecutiva de Buckner Perú comparte cómo el personal sigue siendo un faro de esperanza incluso durante sus propias dificultades personales. 


La pandemia en Perú ha sido especialmente dura. Se considera el país más afectado del mundo. Nuestros beneficiarios han sufrido mucho. Han perdido lo poco que tenían, quedando en una precariedad absoluta.

En este tiempo, el equipo de Buckner Perú no se ha detenido. Aunque estuviéramos físicamente lejos, hemos encontrado la manera de estar cerca para atenderlos, cuidarlos y llevarles los medicamentos que necesitaban con urgencia. Para algunos, eso significó la diferencia entre la vida y la muerte, ya que en Perú, durante meses, no había forma de recibir atención médica en los hospitales.

Podría escribir muchas historias sobre las familias a las que atendemos y sobre lo que hemos visto suceder durante estos meses, pero hoy me gustaría hablar de alguien de nuestro equipo. Nuestro equipo también ha perdido familiares, amigos y seres queridos. Ana Patricia Navarro es la coordinadora de los tres Centros de Esperanza Familiar en Perú. Es una verdadera profesional, siempre dedicada al servicio de los más necesitados. Ana ha estado a cargo de los equipos durante toda la pandemia. Ni una sola vez hemos escuchado una queja de su parte, a pesar de la difícil situación que ha tenido que enfrentar con su familia. Ella está demostrando ser fuerte para su equipo y su familia en casa.

Parece que la COVID-19 ha sido especialmente dura con su familia. Tres de sus primos hermanos, que trabajan en el sector sanitario, se contagiaron y tuvieron que ingresar en cuidados intensivos con ventilación mecánica, uno de ellos durante tres meses. Su padre tiene cáncer, que ha empeorado mucho durante este tiempo debido al cierre de los servicios. A su sobrino de 29 años le han diagnosticado cáncer de colon y la semana pasada tuvo que someterse a una cirugía de urgencia porque uno de sus riñones dejó de funcionar. Su cuñado se contagió de COVID-19 y sufrió un derrame cerebral que lo ha dejado inconsciente. Mientras escribo estas líneas, le están haciendo una biopsia cerebral para determinar si lo que tiene es cáncer.

Sin embargo, en ningún momento hemos visto a Ana derrotada. Ella está ahí con un gran espíritu, lista para dar lo mejor de sí misma y de nosotros. Cuando pienso en ella, me acuerdo de lo que dice Proverbios 3:5-6: “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas”.”

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