Lo que quiero ser cuando sea grande
Una reflexión sobre el crecimiento espiritual.
De niños, soñamos en grande: ser astronautas, maestros, doctores, superhéroes. Nos imaginamos haciendo cosas importantes, marcando la diferencia. Pero a medida que crecemos, esos sueños suelen desvanecerse, superados por las responsabilidades, los desvíos e incluso las dudas.
Sin embargo, crecer a los ojos de Dios no consiste en alcanzar el éxito según los estándares del mundo, con el sueldo más alto, el coche más bonito o la casa más grande. Se trata de parecerse cada vez más a Jesús.
Cuando nos preguntan qué queremos ser cuando seamos grandes, ¿qué pasaría si la respuesta fuera: santo, fiel, amoroso, paciente, obediente? ¿Y si soñáramos con ser pacificadores, servidores o personas según el corazón de Dios?
Pablo escribe en Efesios 4:15: “Debemos crecer en todos los aspectos hasta alcanzar a Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo”.”
Nuestra identidad en Cristo no se encuentra en nuestra edad, carrera o reconocimientos, sino que se manifiesta en la forma en que amamos, perdonamos y vivimos la verdad.
Crecer en Cristo significa renunciar al orgullo, morir a uno mismo y permitir que el Espíritu Santo nos moldee cada día, tanto en los momentos de alegría como en los de tristeza. Significa aferrarse a una fe y una dependencia infantiles en Cristo, dejando de lado el egoísmo infantil.
Así que hoy, reflexiona: Cuando sea grande, ¿quién quiero ser? ¿Tu visión de lo que significa ser un adulto exitoso está basada en la verdad y el propósito de Dios para tu vida?
Al comenzar la semana que viene, ponte el reto de crecer más profundamente. Busquemos un crecimiento que dé fruto del espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (Gálatas 5:22-23).