¡Año nuevo, vida nueva!
Una devoción sobre la sumisión a Dios
Con la llegada del nuevo año, la emoción, la expectación y la esperanza llenan nuestras mentes mientras esperamos con ilusión que sucedan cosas nuevas. Es posible que hagamos propósitos o nos fijemos nuevas metas que queremos alcanzar. Quizás incluso declaremos que este año será diferente, esperando que Dios nos conceda estas cosas.
Sin embargo, esperamos a que las cosas nos sucedan cuando acudimos a Él, viéndonos a nosotros mismos como espectadores de nuestras propias vidas. Queremos que Dios cambie las cosas por nosotros sin cambiar nada en nosotros mismos.
“Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento; en todos tus caminos sométete a él, y él enderezará tus sendas”. – Proverbios 3:5-6
Tenemos que acudir a Él con una actitud de rendición, someternos a Él y a Sus caminos, y abandonar nuestras viejas formas de pensar y actuar. Nuestra necesidad de dirigir nuestro propio camino puede retrasar los planes de Dios para bendecirnos. Lo que imaginamos para nosotros mismos está limitado por nuestra condición terrenal, mientras que las bendiciones de Dios superan cualquier cosa que podamos imaginar para nosotros mismos.
Nuestra necesidad de controlar nuestras circunstancias y resultados solo nos impedirá ver la grandeza de nuestro Padre y las formas milagrosas en que Él puede bendecir nuestras circunstancias. Podemos estar seguros de que Dios quitará los obstáculos de nuestro camino y nos llevará a las metas que Él ha establecido para nuestras vidas.
Dios nos ha bendecido con dones y talentos, y solo siguiendo sus planes para nosotros podremos realmente aprovechar al máximo el potencial de esos dones. Cuando estamos en sintonía con Él y le confiamos completamente nuestro futuro, crecemos en nuestra fe y podemos demostrar su grandeza a los demás.
Eso significa que debemos confiar en Dios en todas las circunstancias y orar continuamente para que nos guíe, y someternos verdaderamente a él en todas las cosas. Debemos humillarnos por completo para poner a Dios en primer lugar y dejar que su grandeza brille.
Escrito por Dior Burns, director ejecutivo de Buckner Children and Family Services en Houston, Texas.