El fruto de nuestras vidas
Una devoción para reflejar la imagen de Jesús
“Pero el fruto del Espíritu [el resultado de Su presencia en nosotros] es amor [preocupación desinteresada por los demás], alegría, paz [interna], paciencia [no la capacidad de esperar, sino cómo actuamos mientras esperamos], amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Contra tales cosas no hay ley”. – Gálatas 5:22-23
La palabra griega traducida como “fruto” se refiere al producto natural de un ser vivo. Pablo utilizó “fruto” para ayudarnos a comprender el producto del Espíritu Santo, que vive dentro de cada creyente. El fruto del Espíritu es producido por el Espíritu, no por el cristiano. La palabra griega es singular, lo que indica que el “fruto” es un todo unificado, no características independientes. A medida que crezcamos, todas las características de Cristo se manifestarán en nuestras vidas.
Sin embargo, al igual que la fruta física necesita tiempo para crecer, el fruto del Espíritu no madurará en nuestras vidas de la noche a la mañana. Al igual que un jardinero exitoso debe luchar contra las malas hierbas para disfrutar de los dulces frutos que desea, nosotros debemos trabajar constantemente para eliminar de nuestras vidas las “malas hierbas” de nuestra vieja naturaleza pecaminosa, las distracciones y cargas que trae la vida, y las mentiras del enemigo que quieren sofocar la obra del Espíritu.
Debemos ser nuestros propios “inspectores de frutos” y analizar con honestidad y regularidad cómo actuamos, cómo tratamos a los demás en nuestras vidas y cómo hablamos. ¡La forma en que actuamos, hablamos y tratamos a los demás es la prueba del fruto! Si no tienes la prueba, entonces es hora de cultivarla. ¿Cómo lo hacemos?
- Busca al Señor con determinación. Fija una cita con él todos los días. “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. – Santiago 4:8
- Rodéate de las cosas de Dios. ¡Lo que te permites ver y escuchar es importante!
- Practica con la fruta. Presta atención a tus acciones y cambia lo que sea necesario cambiar. El viejo dicho “¿Qué haría Jesús?” es un buen punto de partida. O pregúntate: “¿Cómo actuaría si Jesús estuviera aquí?”.”
- Cambia tus palabras. Las palabras son una de las claves más poderosas de la vida. ¡Cambia tus palabras y podrás cambiar toda tu vida! “La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto”. – Proverbios 18:21
Al entrar en esta nueva temporada de primavera, tomemos un momento para reflexionar sobre el “fruto” en nuestras vidas y comprometámonos a cultivarlo para que refleje más plenamente la imagen de Jesús.
Escrito por Annette Chestnut, gerente de apoyo administrativo de Buckner Children and Family Services.