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Cuando tengo miedo

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Quiero confesarte algo: tengo mucho miedo. En los últimos cuatro meses, nuestro mundo se ha puesto completamente patas arriba, y la vida que planeábamos tener parece ahora un sueño lejano. Esta pandemia, la brutalidad policial, las tensiones raciales, la pobreza y el continuo clima político inestable en nuestro país son motivos por los que deberíamos tener miedo.

Al trabajar para Buckner, estoy llamado a irradiar esperanza en el trabajo que realizo. Pero, para ser sincero, a veces siento que no tengo esperanza que compartir. La mayor parte de mis días en estos últimos cuatro meses han estado llenos de momentos estresantes. Cuidar de nuestros hijos de 6 y 2 años, mientras intento cumplir con mi trabajo y sincronizarme con el horario de mi esposa, que trabaja a tiempo completo, ha resultado ser frustrante y agotador.

Recientemente, mis hijos asistieron a una escuela bíblica virtual y, mientras me sentaba con ellos para hacer manualidades, cantar canciones y crear bocadillos locos con galletas Goldfish, recordé las palabras de Jesús que se encuentran en el capítulo 16 del Evangelio de Juan: “En este mundo tendréis aflicciones. Pero ¡ánimo! Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

En una época en la que las relaciones superficiales son a veces la única opción que tenemos, recuerdo que nuestra estancia en este mundo es temporal. Recuerdo que tú y yo pertenecemos a una larga lista de personas asustadas que hicieron cosas extraordinarias por el reino de Dios.

Somos capaces de hacerlo cuando nos enfrentamos a lo incómodo y vulnerable, confiando en que, al permitir que Dios guíe nuestra vida cotidiana, somos capaces de despojarnos de nuestro antiguo yo y convertirnos en personas más esperanzadas, tal y como Dios nos creó.

No sé qué nos deparará el futuro inmediato. Pero sí sé que al final Cristo vencerá, y nosotros también.

Escrito por Diego Silva, director de la Centro de Esperanza de la Familia Buckner en Peñitas, Texas.

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