Enfoque de fe: Empaparse de la Palabra de Dios

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Ayer, mi mamá y yo estábamos paseando a mi perro. El sol brillaba y soplaba una brisa fresca.

“Parece que ya es primavera”, dijo mi mamá.

Y así fue. Ya sabes, esa sensación que se tiene después de un largo invierno, cuando el clima empieza a cambiar. Hay una cierta sensación y un olor en el aire que anuncian que la primavera ya está aquí.

La primavera es la época del renacimiento. Las aves comienzan a cantar de nuevo. Las hojas vuelven a crecer en los árboles y las flores brotan con colores brillantes. Llegan las lluvias y todas las nuevas plantas se empapan de ellas, dando vida. La primavera te llena de esperanza.

Al igual que la delicada planta que se empapa con la lluvia, nosotros también debemos empaparnos de la Palabra de Dios. Debemos anhelarla, desearla y absorber sus verdades. Cuando dejas que las enseñanzas de Cristo te consuman, te llenan de esperanza, fuerza y ánimo.

Es fácil olvidarse de pasar ese tiempo tranquilo con el Señor y su Palabra. Es fácil dejar que nuestras vidas ocupadas consuman nuestros horarios y nos abrumen.

Mientras observas cómo la novedad de la primavera comienza a tomar forma, deja que el espíritu de la primavera se forme en tu corazón. Pasa cada día con el Señor en tranquila reflexión y deja que las promesas de las Escrituras echen raíces en tu alma. No importa la estación que estés atravesando —felicidad, tristeza, dificultades, estrés— la Palabra de Dios puede ofrecerte la promesa de la esperanza.

Así que hoy, sumérgete en la Palabra de Dios y siente el renacer de la primavera en tu alma.

“Que mi enseñanza caiga como lluvia y mis palabras desciendan como rocío, como aguaceros sobre hierba nueva, como lluvia abundante sobre plantas tiernas. Proclamaré el nombre del Señor. Oh, alabad la grandeza de nuestro Dios”. –Deuteronomio 32:2-3

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