Buckner

Un rayo de esperanza 

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Varios niños pequeños levantan una nube de polvo rojo al pasar corriendo junto a Elijah Mwangi, con sus grandes mochilas rebotando arriba y abajo. Mwangi los observa mientras desaparecen en un salón de clases. Han pasado más de siete años desde la última vez que visitó el lugar donde se encuentra el orfanato en el que vivió alguna vez. 

Mwangi tenía seis años cuando su tío lo llevó a él y a sus dos hermanos al Centro Infantil Bautista (BCC). La familia extendida de Mwangi no pudo hacerse cargo de los tres niños tras la muerte de sus padres. 

“Teníamos problemas económicos y necesitábamos ir a la escuela”, explicó Mwangi. “Necesitábamos aprender e intentar labrarnos un futuro, por eso vine aquí para Buckner.” 

En ese entonces, BCC era un orfanato. Fue fundado en 1989 por el pastor Daniel Munyano, pero en 2001, la Convención Bautista de Kenia y la Junta de Misiones Internacionales de la Convención Bautista del Sur contrataron a Buckner International para que se encargara de la administración del orfanato. 

Mwangi y sus hermanos llegaron tres años después de que Buckner se hiciera cargo de las operaciones. Se unieron a los 42 niños que vivían en el BCC, provenientes de comunidades desfavorecidas de los alrededores de Nairobi, la capital de Kenia. Muchos habían perdido a uno o a ambos padres a causa del SIDA. 

“Me sentí esperanzado cuando llegué aquí”, dijo Mwangi. Describió a BCC como un refugio donde él y los demás niños se sentían seguros. 

El campus se encontraba en un proceso de mejoras continuas gracias al apoyo que Buckner recibió de iglesias como la Iglesia Bautista de Park Cities en Dallas y de muchos otros donantes y voluntarios. Su generosidad permitió construir nuevas residencias estudiantiles y renovar la capilla y la clínica. 

Mwangi recuerda el impacto que algunos de esos voluntarios tuvieron en él, sobre todo a través de la Escuela Bíblica de Vacaciones. “En la Escuela Bíblica de Vacaciones, contábamos con diferentes facilitadores que venían del extranjero… Interactuaba con personas de distintos lugares y, al mismo tiempo, aprendía la palabra de Dios, juntos como una familia”.” 

Fue durante su estancia con Buckner cuando Mwangi aprendió a tocar el piano, lo que despertó su pasión por la música, que lo acompañaría toda la vida. También pasaba las tardes corriendo por un campo que los niños habían convertido en su cancha de fútbol. 

Cuando Mwangi estaba en sexto grado, pasó del orfanato a cuidado por familiares con sus abuelos. En aquel entonces, el acogimiento familiar y el acogimiento por parte de familiares aún eran conceptos nuevos en Kenia, explicó Dickson Masindano, director ejecutivo nacional de Buckner Kenia. 

“Hemos estado a la vanguardia en la defensa ante el gobierno de un cambio en el marco legal relacionado con la acogida temporal, el cuidado por parte de familiares y la adopción”, dijo Masindano. “Nos propusimos ser los pioneros en sacar a nuestros niños del orfanato y llevarlos con familias”.” 

Buckner siguió apoyando los estudios de Mwangi durante la preparatoria y hasta la universidad. También se brindó apoyo a los abuelos de Mwangi, enfocado en la preservación de la familia y la sustentabilidad a largo plazo, para ayudarlos a cuidar a sus nietos. 

A Mwangi, que ahora tiene 28 años, le sorprende lo mucho que ha cambiado el BCC. El campus, que ya no es un orfanato, alberga un Centro de Esperanza de la Familia Buckner® para empoderar a las familias locales a través de la educación y los recursos, una escuela que atiende a más de 400 niños hasta el noveno grado, residencias temporales para niños en espera de ser asignados a familias de acogida y una de las mejores clínicas médicas de la comunidad. 

Pero Mwangi también ha cambiado. En 2019, obtuvo una licenciatura en educación física y deportes con una especialización secundaria en matemáticas. Trabajó como maestro durante cinco años. “Me encanta trabajar con niños y jóvenes e inspirarlos”, dijo Mwangi. 

Actualmente trabaja como editor adjunto en Editorial Hummingbird, donde se encarga de editar libros de texto para escuelas primarias con el fin de garantizar que se ajusten a las necesidades del plan de estudios de Kenia. Este trabajo le permite seguir dedicándose a la educación y, al mismo tiempo, le da más tiempo para dedicarse a su carrera musical. 

“Niko Ready”, el primer sencillo que grabó Mwangi, es una combinación de swahili e inglés que significa “Estoy listo”. Sirve como un recordatorio para que Mwangi esté siempre listo para cualquier reto y cualquier oportunidad. 

Lo único que ha querido desde que era niño es tener una oportunidad. “Creo que Buckner nos brinda una oportunidad para cambiar nuestras vidas. Y creo que, con perseverancia, podemos lograrlo”.” 

Cuando se le preguntó qué consejo les daría a los niños en situación de vulnerabilidad de toda Kenia, Mwangi respondió: “Deben mantenerse fuertes, ser fieles a sus valores y seguir luchando. Algún día lo lograrán». 

“Para mí, Buckner es un rayo de esperanza en este país”.”

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