Animados a alcanzar sus metas: el Centro de Esperanza Familiar del Valle del Río Grande se convierte en un segundo hogar para los adolescentes

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Por Lauren Hollon Sturdy
Buckner Internacional

Graciela Vázquez será la primera miembro de su familia en asistir a la universidad. Está emocionada por la perspectiva de vivir sola y comenzar un nuevo capítulo en su vida. Sin embargo, al hablar con ella, da la impresión de que se siente dividida entre varias opciones. En muchos sentidos, no se siente apoyada ni comprendida por su familia, pero su objetivo final al ir a la universidad es mejorar la vida de sus seres queridos.

“Mi mamá, me pone un poco triste, porque me dice: ‘¡Cásate ya!’”, dijo Vázquez. “Hace un tiempo tuve un novio, salimos juntos unos meses y ella pensaba que ya me iba a casar con él. Quiere que todas nos casemos y seamos así, amas de casa. Y yo no quiero ser eso”.”

Todos los días acude al Centro de Esperanza Familiar Peñitas como voluntaria y pasa tiempo con el personal. Dice que todos ellos la han animado e inspirado, especialmente Becci Ruiz, una de las trabajadoras sociales.

Gracie posa con Gabriel Flores, coordinador comunitario del Hope Center, en su graduación de la escuela secundaria.

“Aquí veo que Becci tiene su maestría”, dice Vázquez. “Becci está soltera, lo tiene todo, y yo quiero ser así. Les pregunto a todos los empleados sobre la universidad y las residencias estudiantiles y me cuentan cosas emocionantes. Me dan ganas de vivir esa experiencia”.”

Vázquez tiene siete hermanos y hermanastros, y una sobrina pequeña que vive en su casa. Ella es la única que nació en México; todos los demás tienen la ciudadanía estadounidense, y se nota que cuando Vázquez habla de ello se siente engañada. Dice que sus hermanos no están haciendo nada con sus vidas. Cree que dan por sentadas sus oportunidades, mientras que ella se pasa todos los días preocupándose por si es posible modificar su ciudadanía.

Dice que está lista para empezar la escuela y salir del hogar de sus papás para poder enfocarse por fin en sus estudios. En casa, tiene problemas para dormir porque su hermano mayor se queda despierto toda la noche haciendo ruido. Dice que su mamá a veces la culpa por cosas que hace su hermana y que su hermana le deja a su bebé al cuidado de Vázquez cuando quiere salir y hacer otras cosas.

“Me están echando encima responsabilidades que ni siquiera son mías”, dice. “Quiero hacer mis cosas, pero no puedo, así que estoy contenta porque voy a poder vivir en la residencia. Tendré todos los recursos que necesito. Hay wifi, la biblioteca estará ahí y, si necesito ayuda, solo tengo que cruzar el campus. No tengo que depender de mis papás y decirles: ‘¿Me pueden llevar?’”.”

Tiene pensado estudiar enfermería y tiene grandes sueños para cuando se gradúe. Se ve a sí misma “soltera, con un coche nuevo, trabajando y ganando dinero para dárselo a [su] hermano y hermana, sobrino y mamá”.”

“Tengo ganas de donar”, dice. “Quiero ser rica. Quiero prosperar para poder retribuir a todos los que me han ayudado; eso es lo que quiero hacer. Incluso a mis familiares en Dallas, quiero darles dinero. Quiero bendecirlos. Y compartir que, a través de Dios, todo lo que ha sucedido es gracias a Él”.”

Vázquez comienza las clases en la Universidad de Texas-Pan American el 26 de agosto. Ha recibido una beca de $3,000 dólares por semestre a través de Buckner y actualmente vende productos de panadería para recaudar fondos con los que comprar una computadora portátil.

“Ahora mismo, solo vivo gracias a la fe”, afirma. ”A través de la fe, espero que todo salga bien».”

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