La escuela de Etiopía forma buenos ciudadanos.

Por Jenny Pope
Buckner Internacional

(BANTU, Etiopía) — Según los estándares occidentales, los huérfanos de Bantú no tienen mucho. Viven en casas de barro y paja con sus abuelos y otros familiares. Solo tienen un par de zapatos de plástico. Y la ropa más presentable que tienen es un uniforme verde y azul que se ponen cinco días a la semana para ir a la escuela.

Pero es más de lo que tenían antes. La escuela de Bantú, fundada por Buckner/Bright Hope, abrió sus puertas en septiembre y ha dado a los niños de Bantú algo que nunca antes habían tenido: esperanza.

“Los miembros de esta comunidad ganan aproximadamente $11 al mes”, dijo Nebiyou Tesfaye, director del programa Bright Hope. La comunidad está aislada por un camino de tierra y está habitada por agricultores que caminan descalzos con fardos de cosecha sobre sus espaldas y docenas de niños pequeños a su alrededor.

Girma Wolde-Giorgis, presidente de Etiopía, le regaló la propiedad a Buckner en 2006 para que construyeran allí una escuela en beneficio de la comunidad. Pero es mucho más que una escuela.

“Nosotros somos quienes les damos comida, baños, jabón, agua, ropa, zapatos, vacunas, todo”, dijo Tesfaye.

Hay 200 niños en la escuela de entre 4 y 7 años de edad que están estudiando matemáticas e inglés en ocho aulas diferentes. Les imparten clases maestros y asistentes de maestros, y muchos de ellos han obtenido sus maestrías en Addis Abeba.

Cuando terminan las clases de la mañana, los niños se forman en fila con las manos a los lados para caminar hasta el comedor, donde reciben su comida más importante del día: un plato de arroz.

Fikru Gebremarium, gerente de café, dijo que la mayoría de los niños no tienen comida en sus hogares. “Darles de comer es importante porque fortalece sus cuerpos y los hace fuertes”, dijo.

Marta Admasu, la directora de la escuela, dijo que la comunidad ha estado muy satisfecha con la escuela. “Estamos viviendo con mucha felicidad en este tiempo. Los niños tienen comida, jabón, zapatos, cepillos de dientes y ropa. Debido a esto, los niños están muy contentos”.”

Además de la educación que reciben, Tesfaye dice que están sirviendo a la comunidad enseñándoles más sobre la higiene y la prevención de enfermedades e infecciones.”

Algunos planes de la escuela incluyen la construcción de un hogar para invitados y equipos misioneros que quieran trabajar con los niños a corto plazo. También esperan darle a la escuela un estatus internacional, enseñándoles un plan de estudios americano e inglés, entre otros, para así promover el crecimiento de los niños. La meta de la escuela es lograr que los niños adquieran estudios universitarios.

“Tenemos mucha necesidad de libros para los maestros y para los niños”, dijo Tesfaye. “Necesitamos libros educativos. Si queremos que vayan a la universidad, necesitan leer”.”

La educación es lo más importante a la hora de determinar el potencial de los niños de Etiopía, dijo. Más de la mitad del país es analfabeta, y solo el 31 por ciento de los niños del país van a la escuela.

“Nuestra meta es lograr que los niños sean buenos ciudadanos. Si los educamos, serán autosuficientes.

“A estos niños”, continuó, “les damos esperanza”.”

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